“Prefiero tener el 10% más de pobres y no 100 mil muertos en la Argentina”. La sentencia del 12 de abril del 2020 vuelve como un boomerang. Con 100.250 muertes por Covid-19 desde que empezó la pandemia, el presidente Alberto Fernández se aferra al acelerado ritmo de vacunación para llegar con aire en materia sanitaria a las elecciones legislativas que tendrán lugar en septiembre y noviembre.
Aunque en el Gobierno destacan que no hubo ninguna terapia intensiva saturada por los distintos brotes de coronavirus en lo que va de pandemia, el cuello de botella entre salud y economía quedó al descubierto con el impacto de los 100 mil. “Ni se recuperó el bolsillo de los argentinos, ni se evitaron las muertes”, repiten desde la oposición y desde sectores medios que son aún más afines al Frente de Todos que a Juntos por el Cambio.
Mientras tanto, en el intento de reaccionar ante la noticia que capitalizó el espacio opositor que lidera el ex presidente Mauricio Macri, el Gobierno declaró cinco días de duelo nacional por los más de 100.000 fallecidos por Covid-19 y la bandera nacional permanecerá a media asta en todos los edificios públicos.
Sin embargo, con la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, a la cabeza y Macri desde las sombras, el principal espacio opositor está en la lupa de la sociedad por haber organizado marchas en los distintos picos de la pandemia, haber catalogado la vacuna Sputnik V de “veneno” y haber generado desconfianza en público sobre las dosis rusas.

El oficialismo no olvida y, sobre todo, deja ver los palos en la rueda de cada uno de los integrantes de Juntos por el Cambio a cada medida sanitaria que el Gobierno dictaba en pos de reducir los casos de Covd-19.
La militancia en contra de todos los anuncios de Alberto Fernández llegaron tan lejos que ocasionaron rispideces internas dentro de la coalición opositora: quienes tienen responsabilidad de gestión todavía no le perdonan a los líderes del espacio que no hayan acompañado ninguna medida que se proponía para bajar el riesgo de propagación del virus.

Todavía hoy hay ruido interno por la necesidad de los dirigentes oficialistas y opositores que gobiernan provincias y municipios de que no entre la variante Delta y la campaña de la oposición por tildar de “varados” y criticar al Gobierno por no dejar entrar libremente a todo aquel que se haya ido del país con una declaración jurada que acreditaba que esta situación podía ocurrir.
Mientras acomoda candidatos, negocia con los distintos sectores del Frente para que ninguno quede disconforme y trabaja a contrarreloj en el cierre de listas, Alberto Fernández intenta ordenar a la tropa con un mensaje optimista de cara al futuro sanitario del país y, también, ante el pasado: el manejo de la pandemia había sido capitalizado por el Gobierno, pero los 100 mil muertos torcieron el guión.
