Panorama político: los ídolos de los porfiados

Malestar, agotamiento e incertidumbre constituyen el núcleo conceptual de lo que recogen las consultoras en la previa de la campaña electoral y expresan, a su vez, el pesimismo y el desencanto de empresarios y sindicalistas más allá de lo que arroje el escrutinio. Frente a una oposición que oscila entre el delirio y el camuflaje de sus apetencias habituales y un oficialismo que se bambolea entre la crónica de la impotencia y el inventario de sus acciones, crece el temor al ascenso de la antipolítica. 


No pedimos lo imposible,
no podemos lo posible.
Y lo de siempre
siempre vuelve,
y nos vuelve
a caminar la espalda.

Argentinamente, Ivan Noble

Señales

Aunque el sentido de la palabra “cambio” es una de las alquimias más codiciadas por los especialistas en campañas, la Argentina de las convulsiones y los relatos de la patria sublevada parece reticente al testimonio de las transformaciones. Sea porque a los avances impulsados por gobiernos populares suceden revanchas conservadoras o sea porque el empate hegemónico descripto hace décadas por el extinto sociólogo Juan Carlos Portantiero talla el inconsciente colectivo con notable persistencia, la tentación de la hora estriba en la postulación de que el resultado de los comicios no redundaría en modificaciones sustanciales respecto de la relación de fuerzas y el reparto de lo sensible.

El escenario que se abre recibe el mote de “crucial” tanto en las tribus oficialistas como opositoras. Mientras radicales, macristas y lilitos adscriben a la tesis del diputado cordobés Mario Negri acerca de la distancia de 7 votos en la Cámara de Diputados que separa a esta pampa austral de Venezuela, desde el Frente de Todos contestan que en su victoria se cifran las chances de darle sanción a leyes que yacen trabadas, como la que cincela nuevas reglas para la designación del Procurador General de la Nación. 

En ese contexto, se producen los tironeos a un lado y otro del espectro ideológico argentino. Si bien quedó la sensación de que el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, desplazó del cetro a Mauricio Macri con el cierre de listas, el camino que emprendió el alcalde no está todavía pavimentado. Ante su audacia y el respaldo mediático pródigo en elogios que había cosechado hasta ahora, brotaron nuevos bríos de la UCR, con figuras como el gobernador jujeño, Gerardo Morales, el senador Martín Lousteau, y el fulgurante Facundo Manes. La cúpula de AEA, conformada principalmente por el grupo Clarín y Techint, habría optado por darle volumen al neurocientifico y Florencio Randazzo, el segundo chivilcoyano más refractario al kirchnerismo después de Héctor Magnetto. En diálogo con Noticias Virales, un dirigente del peronismo bonaerense conjeturó esta semana que un sector del empresariado prefiere candidatos sin tanta experiencia, apoyo o tradición dentro de las estructuras partidarias para poder tutelarlos con mayor facilidad, al paso que en el macrismo florecieron dirigentes con votos, trayectoria gubernamental y apetencias políticas que, por momentos, evaden el influjo de los consejos que arriman los gerentes corporativos.

No es casual que las principales espadas del gobierno de Alberto Fernandez mantengan canales de comunicación más fluidos con dirigentes como Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal que con el ex ministro de Transporte luego de la tragedia de Once o Manes. La Casa Rosada ensaya la confección de una oposición a la medida de lo que la democracia necesita: tanto el Jefe de Estado como la vicepresidenta Cristina Fernández, el diputado Máximo Kirchner y el cuarto accionista de la sociedad política, Sergio Massa, entienden que lo más granado del empresariado juega las generales de 2021 como una primaria para 2023 y que la disputa es por la densidad democrática que se pueda conseguir de cara a la pospandemia.

A las diapositivas que ofrecen los sondeos de opinión se suma la preocupación de los sindicalistas, cuyas advertencias ponen sobre el tapete el malestar de los trabajadores por la pérdida de poder adquisitivo y la carestía de vida. El Centro CIFRA-CTA publicó el martes pasado un informe que dice que “el ingreso laboral medio tuvo una reducción de 1,4% interanual en el primer trimestre de 2021”, y detalló que “cuando se observa la variación de este mismo ingreso desde el primer trimestre de 2018, la caída llega al 22,2%”. 

Con o sin coronavirus, los líderes del Frente de Todos (FdT) sabían que debían medirse con el estrago y la herencia cambiemitas y, por esa razón, no hay excusas efectivas en el ágora pública. El mismo relevamiento explica que el desmoronamiento del poder de compra trepó al 27 por ciento para el 40% de la población que menos gana pero, para el estrato más alto (el 20% que más percibe), “fue del 19% entre los primeros trimestres de 2018 y 2021”. Los economistas que presentaron estos guarismos ante el secretario general de la central obrera y, a la sazón, diputado kirchnerista, Hugo Yasky, también expusieron que a la transferencia de ingresos operada durante el gobierno de Macri se suma que la participación de los trabajadores en el valor agregado generado en el país se redujo desde principios del 2020, a igual período de 2021, en más de 3 puntos: de 49,8% paso a 46,1 %. Despejar la penuria económica y la sensación de infortunio será una tarea titánica para los candidatos del FdT.

La apuesta del gabinete económico es que el repunte de la actividad traiga alivio social y licúe la irritación que causan las incursiones televisivas de los funcionarios que apelan a la crónica de la impotencia para narrar lo que pasa, en lugar de ponerle el cascabel al gato de la inflación. El pleno de las asociaciones empresarias que financian las aventuras políticas que anhelan el desprestigio del oficialismo está puesto en las presiones sobre el dólar y su traslado a los precios. Tampoco es cierto que, como aludió la propia vicepresidenta durante la presentación de sus candidatos, haya sectores que estén en contra de la Argentina. Amén de preguntarse por el modelo de país que pretenden, sería más consistente el reconocimiento de que esos actores reniegan de la política y, pese a que su mención trae el recuerdo de su fracaso, Macri es quien mejor los expresa cuando dice, por ejemplo, que se asiste a “una época en la que los jóvenes apretan un botón y escuchan música o arreglan una cita en Tinder pero en la democracia apretás un botón y no pasa nada, porque necesitas horas para acordar”. El plan de negocios, para ser rendidor, no debe demorarse en deliberaciones ni tramitar conflictos.

El espejo retrovisor y el horizonte

Al cierre de este artículo, se preparaba la movilización de las agrupaciones populares sintetizadas bajo el mote de “los Cayetanos”, en honor al santo al que los pobres le ruegan por pan y trabajo. En los últimos días, los medios masivos de comunicación hicieron espacio en sus coberturas para el voceo de las demandas insatisfechas de los más postergados, sin escatimar ponzoña contra el gobierno ante un escenario paradójico: el FdT decidió candidatear a Victoria Tolosa Paz, presidenta del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales hasta su nominación, y Daniel Arroyo, ministro de Desarrollo Social hasta que Fernández les dio el ukase de la eyección por TV a quienes se postulaban. Si es cierto que los opositores no pueden hablar de economía sin que se les recrimine el hundimiento del Titanic entre 2015 y 2019, no es menos verosímil que parece un error zambullirse a la trifulca electoral con los responsables de las políticas sociales, cuya enumeración nunca será suficiente y cuya insuficiencia será amplificada por los adversarios o los disconformes con incontinencia verbal.

Tal es el caso de Juan Grabois, uno de los referentes de la CTEP. En la víspera de la marcha que realizará desde Liniers a Plaza de Mayo su organización, junto a la CCC, Barrios de Pie y el Movimiento Evita, tipeó una nota picante para El Diario.ar. “La relativa estabilidad que se mantuvo durante el tiempo de la pandemia, lograda por algunas medidas del gobierno y la formidable red de cohesión comunitaria que por décadas tejimos movimientos sociales e iglesias, no podrá evitar por mucho más tiempo el estallido del pueblo pobre que quiere algo más que el plato de comida que nuestras ollas populares ofrecen cotidianamente”, advirtió Grabois en ese texto, aunque añadió para morigerarlo: “sería ciertamente injusto responsabilizar al gobierno actual del escenario trágico que devuelve la Argentina de hoy, pero sí es su responsabilidad implementar en forma urgente las medidas para revertirlo”.

La explosión anunciada, aunque incomode y repercuta negativamente al interior de Olivos, está en sintonía con las lecturas de la columna vertebral del peronismo. Y la acechanza no es solamente contra la administración de les Fernandez sino, otra vez, contra la política toda. De hecho, el despliegue informativo de las últimas jornadas, centrado en los cortes de calles y las protestas en la vía pública fue casi una evocación de las tapas de Clarin fechadas 20 años atrás, cuando Patricia Bullrich era ministra de Trabajo del gabinete de Fernando De la Rúa pero profería las mismas bravuconadas.  

El tiempo pasa y la historia, sin esquematismos y con aristas nuevas, se repite pero nunca causa gracia, para disgusto de los marxistas que disfrutan de la cita que menta primero la tragedia y luego la comedia. En ese trance, el artista revelación del agosto en curso podría ser el CEO de Toyota en Argentina, Daniel Herrero, también vocal de AEA y vicepresidente de IDEA. Después que sorprendiera a sus pares de la clase dominante vernácula con un discurso en el Rotary Club que reivindicaba las políticas locales para incentivar la inversión, puso en valor el entendimiento de la automotriz que gerencia para que el Estado no le aumente las retenciones y su firma equipare las necesidades de recaudación fiscal prevista incrementando las exportaciones. Música para los oídos del liberalismo racional, sus palabras obran en espejo con aquellos sectores del gobierno que aspiran a desempolvar la apuesta del kirchnerismo en sus albores: una burguesía nacional para el desarrollo argentino. Si bien las ideas se chocan a veces con la crudeza real del cortoplacismo de los que timbean con planillas de Excel, nadie puede impugnar el derecho de un gobierno popular a intentarlo. En definitiva, el profesor Aldo Ferrer legó en sus libros que el empresario también es una construcción política.

Por Pablo Dipierri
@pablodipierri

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Malestar, agotamiento e incertidumbre constituyen el núcleo conceptual de lo que recogen las consultoras en la previa de la campaña electoral y expresan, a su vez, el pesimismo y el desencanto de empresarios y sindicalistas más allá de lo que arroje el escrutinio. Frente a una oposición que oscila entre el delirio y el camuflaje de sus apetencias habituales y un oficialismo que se bambolea entre la crónica de la impotencia y el inventario de sus acciones, crece el temor al ascenso de la antipolítica. 


No pedimos lo imposible,
no podemos lo posible.
Y lo de siempre
siempre vuelve,
y nos vuelve
a caminar la espalda.

Argentinamente, Ivan Noble

Señales

Aunque el sentido de la palabra “cambio” es una de las alquimias más codiciadas por los especialistas en campañas, la Argentina de las convulsiones y los relatos de la patria sublevada parece reticente al testimonio de las transformaciones. Sea porque a los avances impulsados por gobiernos populares suceden revanchas conservadoras o sea porque el empate hegemónico descripto hace décadas por el extinto sociólogo Juan Carlos Portantiero talla el inconsciente colectivo con notable persistencia, la tentación de la hora estriba en la postulación de que el resultado de los comicios no redundaría en modificaciones sustanciales respecto de la relación de fuerzas y el reparto de lo sensible.

El escenario que se abre recibe el mote de “crucial” tanto en las tribus oficialistas como opositoras. Mientras radicales, macristas y lilitos adscriben a la tesis del diputado cordobés Mario Negri acerca de la distancia de 7 votos en la Cámara de Diputados que separa a esta pampa austral de Venezuela, desde el Frente de Todos contestan que en su victoria se cifran las chances de darle sanción a leyes que yacen trabadas, como la que cincela nuevas reglas para la designación del Procurador General de la Nación. 

En ese contexto, se producen los tironeos a un lado y otro del espectro ideológico argentino. Si bien quedó la sensación de que el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, desplazó del cetro a Mauricio Macri con el cierre de listas, el camino que emprendió el alcalde no está todavía pavimentado. Ante su audacia y el respaldo mediático pródigo en elogios que había cosechado hasta ahora, brotaron nuevos bríos de la UCR, con figuras como el gobernador jujeño, Gerardo Morales, el senador Martín Lousteau, y el fulgurante Facundo Manes. La cúpula de AEA, conformada principalmente por el grupo Clarín y Techint, habría optado por darle volumen al neurocientifico y Florencio Randazzo, el segundo chivilcoyano más refractario al kirchnerismo después de Héctor Magnetto. En diálogo con Noticias Virales, un dirigente del peronismo bonaerense conjeturó esta semana que un sector del empresariado prefiere candidatos sin tanta experiencia, apoyo o tradición dentro de las estructuras partidarias para poder tutelarlos con mayor facilidad, al paso que en el macrismo florecieron dirigentes con votos, trayectoria gubernamental y apetencias políticas que, por momentos, evaden el influjo de los consejos que arriman los gerentes corporativos.

No es casual que las principales espadas del gobierno de Alberto Fernandez mantengan canales de comunicación más fluidos con dirigentes como Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal que con el ex ministro de Transporte luego de la tragedia de Once o Manes. La Casa Rosada ensaya la confección de una oposición a la medida de lo que la democracia necesita: tanto el Jefe de Estado como la vicepresidenta Cristina Fernández, el diputado Máximo Kirchner y el cuarto accionista de la sociedad política, Sergio Massa, entienden que lo más granado del empresariado juega las generales de 2021 como una primaria para 2023 y que la disputa es por la densidad democrática que se pueda conseguir de cara a la pospandemia.

A las diapositivas que ofrecen los sondeos de opinión se suma la preocupación de los sindicalistas, cuyas advertencias ponen sobre el tapete el malestar de los trabajadores por la pérdida de poder adquisitivo y la carestía de vida. El Centro CIFRA-CTA publicó el martes pasado un informe que dice que “el ingreso laboral medio tuvo una reducción de 1,4% interanual en el primer trimestre de 2021”, y detalló que “cuando se observa la variación de este mismo ingreso desde el primer trimestre de 2018, la caída llega al 22,2%”. 

Con o sin coronavirus, los líderes del Frente de Todos (FdT) sabían que debían medirse con el estrago y la herencia cambiemitas y, por esa razón, no hay excusas efectivas en el ágora pública. El mismo relevamiento explica que el desmoronamiento del poder de compra trepó al 27 por ciento para el 40% de la población que menos gana pero, para el estrato más alto (el 20% que más percibe), “fue del 19% entre los primeros trimestres de 2018 y 2021”. Los economistas que presentaron estos guarismos ante el secretario general de la central obrera y, a la sazón, diputado kirchnerista, Hugo Yasky, también expusieron que a la transferencia de ingresos operada durante el gobierno de Macri se suma que la participación de los trabajadores en el valor agregado generado en el país se redujo desde principios del 2020, a igual período de 2021, en más de 3 puntos: de 49,8% paso a 46,1 %. Despejar la penuria económica y la sensación de infortunio será una tarea titánica para los candidatos del FdT.

La apuesta del gabinete económico es que el repunte de la actividad traiga alivio social y licúe la irritación que causan las incursiones televisivas de los funcionarios que apelan a la crónica de la impotencia para narrar lo que pasa, en lugar de ponerle el cascabel al gato de la inflación. El pleno de las asociaciones empresarias que financian las aventuras políticas que anhelan el desprestigio del oficialismo está puesto en las presiones sobre el dólar y su traslado a los precios. Tampoco es cierto que, como aludió la propia vicepresidenta durante la presentación de sus candidatos, haya sectores que estén en contra de la Argentina. Amén de preguntarse por el modelo de país que pretenden, sería más consistente el reconocimiento de que esos actores reniegan de la política y, pese a que su mención trae el recuerdo de su fracaso, Macri es quien mejor los expresa cuando dice, por ejemplo, que se asiste a “una época en la que los jóvenes apretan un botón y escuchan música o arreglan una cita en Tinder pero en la democracia apretás un botón y no pasa nada, porque necesitas horas para acordar”. El plan de negocios, para ser rendidor, no debe demorarse en deliberaciones ni tramitar conflictos.

El espejo retrovisor y el horizonte

Al cierre de este artículo, se preparaba la movilización de las agrupaciones populares sintetizadas bajo el mote de “los Cayetanos”, en honor al santo al que los pobres le ruegan por pan y trabajo. En los últimos días, los medios masivos de comunicación hicieron espacio en sus coberturas para el voceo de las demandas insatisfechas de los más postergados, sin escatimar ponzoña contra el gobierno ante un escenario paradójico: el FdT decidió candidatear a Victoria Tolosa Paz, presidenta del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales hasta su nominación, y Daniel Arroyo, ministro de Desarrollo Social hasta que Fernández les dio el ukase de la eyección por TV a quienes se postulaban. Si es cierto que los opositores no pueden hablar de economía sin que se les recrimine el hundimiento del Titanic entre 2015 y 2019, no es menos verosímil que parece un error zambullirse a la trifulca electoral con los responsables de las políticas sociales, cuya enumeración nunca será suficiente y cuya insuficiencia será amplificada por los adversarios o los disconformes con incontinencia verbal.

Tal es el caso de Juan Grabois, uno de los referentes de la CTEP. En la víspera de la marcha que realizará desde Liniers a Plaza de Mayo su organización, junto a la CCC, Barrios de Pie y el Movimiento Evita, tipeó una nota picante para El Diario.ar. “La relativa estabilidad que se mantuvo durante el tiempo de la pandemia, lograda por algunas medidas del gobierno y la formidable red de cohesión comunitaria que por décadas tejimos movimientos sociales e iglesias, no podrá evitar por mucho más tiempo el estallido del pueblo pobre que quiere algo más que el plato de comida que nuestras ollas populares ofrecen cotidianamente”, advirtió Grabois en ese texto, aunque añadió para morigerarlo: “sería ciertamente injusto responsabilizar al gobierno actual del escenario trágico que devuelve la Argentina de hoy, pero sí es su responsabilidad implementar en forma urgente las medidas para revertirlo”.

La explosión anunciada, aunque incomode y repercuta negativamente al interior de Olivos, está en sintonía con las lecturas de la columna vertebral del peronismo. Y la acechanza no es solamente contra la administración de les Fernandez sino, otra vez, contra la política toda. De hecho, el despliegue informativo de las últimas jornadas, centrado en los cortes de calles y las protestas en la vía pública fue casi una evocación de las tapas de Clarin fechadas 20 años atrás, cuando Patricia Bullrich era ministra de Trabajo del gabinete de Fernando De la Rúa pero profería las mismas bravuconadas.  

El tiempo pasa y la historia, sin esquematismos y con aristas nuevas, se repite pero nunca causa gracia, para disgusto de los marxistas que disfrutan de la cita que menta primero la tragedia y luego la comedia. En ese trance, el artista revelación del agosto en curso podría ser el CEO de Toyota en Argentina, Daniel Herrero, también vocal de AEA y vicepresidente de IDEA. Después que sorprendiera a sus pares de la clase dominante vernácula con un discurso en el Rotary Club que reivindicaba las políticas locales para incentivar la inversión, puso en valor el entendimiento de la automotriz que gerencia para que el Estado no le aumente las retenciones y su firma equipare las necesidades de recaudación fiscal prevista incrementando las exportaciones. Música para los oídos del liberalismo racional, sus palabras obran en espejo con aquellos sectores del gobierno que aspiran a desempolvar la apuesta del kirchnerismo en sus albores: una burguesía nacional para el desarrollo argentino. Si bien las ideas se chocan a veces con la crudeza real del cortoplacismo de los que timbean con planillas de Excel, nadie puede impugnar el derecho de un gobierno popular a intentarlo. En definitiva, el profesor Aldo Ferrer legó en sus libros que el empresario también es una construcción política.

Por Pablo Dipierri
@pablodipierri

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