Entre la caída de Kabul y la memoria de la incursión fundacional de la oligarquía vernácula en Carhué, el establishment apela a la antipolítica para martirizar y desgastar al Gobierno. El kirchnerismo corcovea para sacarse las inhibiciones que lo obstruyen desde la derrota del 2015.
La vicepresidenta Cristina Fernández zamarreó ayer el campo de lo decible tanto para el repertorio discursivo del Frente de Todos como para el sistema político en general, durante un acto de entrega de viviendas en la Isla Maciel, en el partido de Avellaneda. Descollando entre los actores que participaron del scrum en favor del presidente Alberto Fernández, su compañera de fórmula lo conminó a que pusiera “orden” tras el affaire de la foto del cumpleaños en Olivos de su pareja, Fabiola Yáñez, mientras el país debía cumplir con el aislamiento preventivo dispuesto por decreto contra el Covid19 pero también aprovechó para trazar el horizonte del peronismo y la oposición.
En ese sentido, contrastó la repercusión de la pifia del primer mandatario con la cena organizada en la quinta presidencial por su antecesor en el cargo, Mauricio Macri, para agasajar a la ex titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, por el préstamo de 45000 millones de dólares. La imagen de esa tenida, con el por entonces ministro de Economía, Nicolás Dujovne, sentado a la mesa, constituye la firma grotesca del pagaré más caro de la historia para el Estado argentino por una noche con entrada, plato principal y postre.
Para enhebrar la comparación, se valió de la mención a un tuit de La Cámpora, la organización política conducida por el jefe del bloque de Diputados oficialista -y, a la sazón, su hijo-, Máximo Kirchner. En menos de siete días, resaltó dos veces la intervención pública de esa agrupación en el lodazal de esa red de microglobbing: primero, cuando le facturó graciosamente al Partido Justicialista su propia ausencia en el onomástico del triunfo contra el macrismo en las PASO de 2019 y ahora por la complacencia del gobierno anterior con Lagarde y el FMI. “Bien, La Cámpora”, dijo el jueves pasado para expresar su aprobación, y expandió el crédito al sur del Riachuelo ayer: “Quienes militamos en política necesitamos de la organización, militancia, territorialidad y representación popular. De llegar a un lugar porque llegamos en nombre de y para qué, en nombre de la representación. Por eso me gusta mucho lo que hacen ustedes –remarcó mirándolo a Máximo-, me gusta mucho el tuit”.
Ya se advirtió aquí sobre el riesgo de reclinarse en una de las corrientes internas de la coalición urdida por les Fernández para polemizar en el ágora con otras. “Una dirigenta que fue dos veces presidenta no puede hacer eso”, manifestó en off una fuente del kirchnerismo silvestre en el distrito administrado con comodidad por Horacio Rodríguez Larreta.
Enfática y letal, la Vicepresidenta ensalzó a los “dirigentes que militan, organizan, se involucran y bajan al territorio” para reivindicar, aunque sin decirlo abiertamente, a los que salvan la política de las acechanzas del delirio reaccionario que hace 20 años incubaron la crisis sistémica sintetizada en la consigna “Que se vayan todos”. Su razonamiento ubicaría en el centro del cuestionamiento a las estructuras partidarias que ceden al influjo de los privilegios, la farándula, el like y la selfie, el maquillaje de la TV o la palmadita de pasillos palaciegos.
Por eso, abundó en laureles a La Cámpora al señalar que “no necesitan, como sí quizás los arribistas u oportunistas, de la operación de prensa del momento para contestar la política”. “Nosotros no necesitamos de la operación de prensa, somos militantes, tenemos representación y eso es lo que enaltece y convoca la política”, concluyó. Aunque el asidero de su alocución resulta contundente, propina costados problemáticos al deslizar especulaciones como las que mentarían que no existan operadores con territorialidad o carezcan de representación quienes no coincidan con su perspectiva. De todas maneras, un funcionario del gabinete de Axel Kicillof comentó ante la consulta en off de Noticias Virales que la ex Presidenta “se explayó en el elogio a La Cámpora y fue un poco más allá”. “Ya no es por un tuit, sino por la territorialidad”, completó.
Kabul al Talibán
Al tiempo que el planeta se estremece con la narrativa periodística que se transmite sobre la caída de Kabul en manos del Talibán y los analistas debaten si Estados Unidos se va con el rabo entre las patas como se fue de Vietnam o si se trata de un hito de la talla de la demolición del Muro de Berlín, la derecha vernácula reniega frente a los índices de la incipiente reactivación económica y el avance prometedor de la campaña de vacunación contra el coronavirus en esta pampa austral. Blindadas en la Ciudad de Buenos Aires y con augurios auspiciosos en núcleos urbanos como Mendoza, Córdoba y Santa Fe, las usinas locales del pensamiento conservador desdeñan los guarismos de redistribución del ingreso, machacan con la inflación que el elenco del Frente de Todos aborda con retórica pero sin ponerle el cascabel al gato y pulsan sobre la comprensión y la paciencia dispensadas por los sectores populares hacia la gestión de Fernández.
En la República de Morondanga mentada por la líder kirchnerista los perseguidores y verdugos del lawfare se profugan o dan cátedra en los set televisivos aunque chocaron la calesita pero en el conurbano bonaerense los signos de la recuperación se notan. Según el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo asalariado privado registrado de la Provincia de Buenos Aires “alcanzó 1.852,2 millones de puestos de trabajo en mayo 2021”. “Se recuperaron 30 mil puestos de trabajo (1,7%) respecto al mismo mes de 2020”, grafica el informe y añade: “en términos desestacionalizados, la variación mensual fue de 0,3% respecto a abril 2021”.
Los capitanes del poder económico anteponen su acritud ante las estadísticas. No obstante, el viceministro de Trabajo provincial, Leandro Macía, deslizó a este medio que le llamaba la atención la escasa difusión que alcanzó la reunión de Kicillof y la titular de la cartera laboral, Mara Ruiz Malec, con la Confederación de Sindicatos Industriales, acontecida la semana pasada. El encuentro congregó al secretario general UOM, Antonio Caló, y a su par de la UOCRA, Gerardo Martínez, el secretario adjunto SMATA, Mario Manrique, el diputado y jefe de los curtidores, Walter Correa, y a Héctor “Gringo” Amichetti, por la Federación Grafica Bonaerense, entre otros actores del sector. Lo que la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) relevó para el Indec los sindicalistas lo rubrican con testimonios de sus afiliados, a pesar de la reticencia de los grandes empresarios.
En las mediciones enfocadas sobre los 6 aglomerados de PBA pesquisados por la EPH, “la tasa de actividad fue de 45,8% para el primer trimestre de 2021, lo cual representa una variación interanual de -0,7 y 1,9 puntos porcentuales respecto al trimestre previo”. Es decir, el corazón de la patria plebeya revierte las penurias a niveles de la prepandemia. La comparación es más evidente cuando se mira la tasa de desempleo, que fue de 40,6% y representó un descenso de solo 0,3 por ciento con respecto a 2020 pero redundó en un incremento trimestral de 2,6 puntos.
Desde La Plata, susurran que esos números se combinan con la pugna en favor de los sectores populares en torno de los cuadros tarifarios. Y hasta el vilipendiado ministro de Economía, Martín Guzmán, puede jactarse de que los datos de la distribución del ingreso para el primer trimestre de este año son equivalentes a los de igual período del ejercicio anterior. Ese logro, alegan en el Palacio de Hacienda, “es el resultado de las políticas públicas” en un mundo que se derrumbó por la peste. El saldo que arroje en ese rubro el segundo trimestre será publicado el 28 de septiembre próximo pero llegará primero el testeo de las urnas y se confirmará después si para los argentinos el órgano más sensible sigue siendo el bolsillo.
Cariz insoslayable para los sondeos de opinión pública también se conforma alrededor de la inoculación. El segundo candidato a diputado nacional por la lista bonaerense del Frente de Todos, Daniel Gollán, aventuró el pasado domingo que para octubre el 95 por ciento de la población de su distrito estará vacunada. Los lugartenientes imperiales de la Kabul rioplatense observan ese escenario con los dientes apretados.
Carhué al huinca
Lo que para el pueblo mapuche fue Carhué hasta 1876, cuando las elites porteñas expandieron definitivamente la frontera agropecuaria a punta de fusiles Remington aniquilando a los indios, hoy podría reflejarse en el fortín peronista de los municipios más densamente poblados de los cinturones geográficos que rodean a la Capital Federal. De ahí que los esfuerzos de la prensa se concentren en la sistematización de ataques constantes sobre la legitimidad del binomio presidencial para cosechar desánimo en su base de sustentación. De ahí también que la Vicepresidenta alambre ideológicamente la construcción política que puede trascenderla y convertirse en la herramienta electoral de una mayoría que apueste a la transformación de la arquitectura institucional, económica y cultural o, por lo menos, la complicación de los planes del neoliberalismo incólume desde hace cinco décadas.
En definitiva, da la sensación que los proyectos de país enfrentados desde el primer gobierno patrio se remozan pero permanecen trenzados en franca batalla. Ante el avance roquista que se veía venir por la inconformidad de los amigos de Bartolomé Mitre con la zanja de Alsina, el cacique Calfucurá profirió la consigna “no entregar Carhué al huinca” pero no le alcanzó. La racionalidad moderna de los uniformados financiados por los que apetecían las tierras y apoyados por el sustrato literario de los periódicos de la época doblegó la lógica del malón y las boleadoras. La angustia del lonco que se carteaba con el ex presidente que creó la Corte Suprema y fundó el diario La Nación se asemeja a la que cunde entre las cimas del Congreso y la Casa Rosada.
Quizá por eso la dupla gobernante tramite en público sus definiciones sobre el peronismo y el kirchnerismo. Si para Cristina no se trata de una rebaja del precio al peronismo la autopercepción del ismo derivado del apellido Kirchner sino de la única forma del peronismo que conocieron algunos mientras que para Alberto no hay distinción entre ambos, la pregunta es qué tipo de movimiento anhelan o qué experiencia impulsan o intentan sintetizar.
En ese trance, dos riesgos rondan con inquietante proyección. Por un lado, la posibilidad de evadirse de la tentación de la reducción del peronismo al kirchnerismo pero tropezarse con la raíz cuadrada del kirchnerismo en La Cámpora. Y por otro, la negación de la representación que otros puedan acreditar dentro del mismo FdT o el macrismo tan solo porque gobiernen o decidan contra los intereses nacionales. Incluso el odio ha demostrado su potencia electoral a lo largo de la historia y los que sufragan por esa opción no son víctimas del engaño: en la querella académica que Slavoj Žižek pretendió entablar con Louis Althusser a través del libro El sublime objeto de la ideología contradijo el núcleo de la tradición cristiana y el dogmatismo marxista sobre la falsa conciencia o la ignorancia del desenlace trágico. No es que la sociedad no sepa lo que hace sino que efectivamente lo sabe, reconoce las consecuencias e igual acomete. “Aun cuando no nos tomemos las cosas en serio, seguimos haciéndolas”, escribió.
